La migración no es un duelo sino un tránsito hacia una versión mejor de uno mismo. La victoria está en el camino, no en el destino.
Muchos ven la migración como una pérdida, como un luto que no termina. Yo lo entendí de otra forma desde la primera vez que hice Houston: migrar es un tránsito, un camino para construir la vida que uno quiere tener. No una huida. Una evolución natural.
Esa distinción importa. La palabra "migrar" a veces queda pequeña para todo lo que uno realmente hace cuando se mueve. No soy el que se fue y que muchos pensaron que era diferente al que soy. Soy el mismo, pero mejor. No soy el que llegó a este país, sino que ahora soy otro, que se parece al de antes pero que seguro no se parece al de mañana.
La verdadera victoria es el tránsito.
El que viene afuera trae algo que el que se queda muchas veces ya perdió: el hambre. Viene con ganas de empezar, de ver qué sale. El que ya está en su lugar a veces se dice conforme con lo que hay. El que sale no puede darse ese lujo, y eso, lejos de ser una desventaja, es su motor.
Mi invitada lo entiende a su manera. Para ella el éxito es como un sello en el pasaporte: uno más, no el único, y tampoco el definitivo. Cuando llegó y vio el paisaje completamente diferente a todo lo que conocía, los edificios, la escala, el ritmo de otro lugar, fue ahí cuando la realidad del cambio se volvió tangible. No antes.
"Lo más válido que traía en mi maleta, no hablando de la maleta, eran las esperanzas de encontrarme y las ganas de salir adelante. No tenía otra cosa más en mi cabeza."
Lo que se mete en esa maleta no se compra. Las ganas de luchar, la esperanza, las ganas de salir adelante. Eso es lo que lleva quien migra de verdad, y eso no lo da ningún billete ni ningún trámite.
Nos han vendido que el éxito es un destino estático: una cifra, una dirección, un punto donde uno se detiene. Pero eso es mentira. La verdadera victoria es ese tránsito que tiene la capacidad de desarmar tu mundo, meterlo en una maleta y volverlo a construir más allá de una puerta que nunca antes habías abierto.
Migrar suma piezas. Son más colores que tienes en la visión, más sonidos que puedes escuchar, más capas de piel que llevas encima. No es un paréntesis en la vida de nadie, ni es el guion principal. Es parte de lo que nos hace.
Somos el vacío que dejamos atrás, no el duelo, sino la plenitud de lo que hemos sabido construir donde nadie nos esperaba.
Somos el vacío que dejamos atrás. No el duelo, no el luto, sino la plenitud de lo que hemos sabido construir donde nadie nos esperaba, donde nadie nos conocía. Eso es lo que identifica a quienes migran de verdad, a los que entienden que moverse no es perder una versión de uno mismo, sino ganar varias.
Si hoy te sientes un poco más dueño de tu camino, un poco menos extraño del paisaje que miras, el tránsito ya valió la pena. Estás migrando de un lado y volviendo mejor del otro. Eso es exactamente de lo que se trata.